WordPress no es el enemigo. Es una herramienta que conozco y que, para un blog, una landing o una pyme que quiere editar páginas sin pedirme cada coma, sigue siendo razonable. El problema empieza cuando se le pide tienda, socios, licencias y un diseño que no aguanta el siguiente theme.
Un CMS a medida —como mgcms en este sitio— tiene sentido cuando el flujo es vuestro. Productos con claves, clientes con panel, un blog que no arrastra veinte plugins, roles que no son «editor genérico». Pagáis el desarrollo una vez y no convivís con actualizaciones que rompen el builder cada mes.
También hay un tercio: una web PHP 8.2 sin panel gordo. Precio, servicios, contacto y listo. Si no vais a publicar cada semana, no hace falta un CMS. Un formulario bien hecho y un HTML que se pueda tocar —o una Web Express— vale más que un WordPress abandonado con la versión de PHP del hosting.
La pregunta que hago es simple. ¿Quién edita, cada cuánto y qué pasa si un plugin muere? Si la respuesta es «mi cuñado el domingo» y el sitio es un escaparate, WordPress con pocos plugins y copias. Si la respuesta es «facturas, altas y un área privada», mejor un panel acotado.
Puedo mantener un WordPress limpio, montar un CMS a medida o dejar una web a medida suelta. No vendo el mismo martillo para todos los clavos. Si no tienes claro cuál te ahorra dinero a los dos años, lo vemos con el listado de la tienda.